“Si estás preso en el sueño del otro, estas jodido.”

Gilles Deleuze

Ojo x ojo 4

Una imagen recorre Europa. Occidente todo, debiéramos decir. Pero en este caso, bastante dañina y distorsionada.

Por un lado, tenemos el mito del andrógino con que Aristófanes deleita a los comensales del banquete platónico: el hombre era en el comienzo un ser esférico -dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas-. Su cercanía a la perfección provocó la ira de Zeus, quien con su rayo lo partió en dos, condenándolo a merodear eternamente en búsqueda de su otra mitad.

Por otro lado y bastante más acá, el final de la pochoclera Jerry Maguire con su catch-phraseMe completás”, retomada, citada y parodiada hasta el borde de la náusea posmoderna por la cultura popular.

Y detrás de ambas, la imagen que acecha y machaca a través de la historia del amor en occidente: la complementariedad en la pareja. La naranja partida en dos.

Aquí llegan Strindberg, Fernandes y su maravilloso equipo, y hacen saltar todo eso por los aires.

Ojo por ojo es una versión de Acreedores de August Strindberg, que retoma esta pieza de cámara basada en tres complejos diálogos que van construyendo los lados de un triángulo, y suma fragmentos de otras obras del dramaturgo sueco para des-ocultar las caras de una relación.

Ojo x ojo IMPERDIBLE

En una tranquila localidad costera donde ha ido a pasar sus vacaciones, Adolfo, artista, conoce a Gustavo, médico. El primero es un ser de una extrema sensibilidad, más apto para una caja de cristal que para la vida cotidiana (una gran composición física de Darío Dukah). Gustavo  le recomienda  entonces algunas acciones (o abstenciones) que beneficiarán su salud (en un maravilloso personaje dual compuesto por Luppi de quien no podemos evitar enamorarnos).

Llega luego la esposa de Adolfo, para encontrarse a solas con él. Tecla está a cargo de Erica Rivas, quien hace de sí lo que quiere. Incluso contando los conocidos ribetes misóginos del autor, ella es tal avalancha de verdad que hace amar las más profundas miserias de su personaje porque se las apropia y las encarna como sucede en la vida: como si no quedara otra opción. Y es que en definitiva, ningún personaje queda incólume: la acidez y descreimiento de Strindberg en relación al amor y las mujeres aparecen matizados por una conmiseración hacia todos los seres de este mundo.

Ojo x ojo1

En su puesta en escena Fernandes ha poblado este universo de pequeñas acciones, de los movimientos justos y necesarios para aportar dinamismo al relato y delinear a sus protagonistas sin desviar la atención con gastos superfluos. El vestuario y la escenografía lo embellecen con la ambigüedad suficiente como para situarnos en un lugar indeterminado, con algo del 1800 original y algo un poco más acá. Si miramos de cerca, este recurso transmite el sentido de toda la pieza: algunas cosas parecieran amarillear en el calendario, pero en realidad hacen aflorar una verdad punzante cargada con las tintas del tiempo.

Aflora el conflicto que presenta un amor por otro, motorizado en primera instancia por el amor propio, a partir de los subterráneos juegos del gato y el ratón, del amo y el esclavo, que nos hablan de relaciones de amor y entrega que esconden profundos egoísmos y mezquindades. De que una relación entendida como un objeto de posesión deja siempre el sabor amargo de una cuenta pendiente, y cómo ésta puede ser saldada con la misma frialdad que utilizaría un cobrador de rentas. De las cárceles que nos creamos cuando creemos completarnos en la pareja, de quién le asigna sentido a las carencias y fortalezas, y los extremos a los que somos capaces de llegar para reparar el amor propio que por alguna distorsión terminamos depositando en el otro.

Pero también de la inconmensurabilidad de la dimensión del otro en el vínculo amoroso, y nos lleva a entender el nudo en que abreva la fuerza del teatro: el punto de contacto donde la comunicación con el otro se vuelve imprescindible e imposible a la vez.

Augusto Fernandes ha vuelto. Nadie debería perdérselo.

Ficha técnico artística

Autoría y Dirección: Augusto Fernandes

Actuación: Dario Dukah, Federico Luppi, Erica Rivas

Iluminación: Gonzalo Berdes

Diseño de vestuario: Marta Albertinazzi

Diseño de escenografía: Marta Albertinazzi, Augusto Fernandes

Diseño de luces: Augusto Fernandes

Diseño sonoro: Marcos I Zoppi

Realización de vestuario: Alberto Bologna, Camen Montecarlo

Fotografía: Xavier Martín, Mailén Vazquez

Diseño gráfico: Alejandro Ros

Asistencia de escenografía: Analía Morales

Asistencia de vestuario: Analía Morales

Asistencia de dirección: Milagros Plaza Díaz

Prensa: Tommy Pashkus

Producción ejecutiva: Mariana Cecchini

Producción: Fernando Blanco, Paola Lusardi

TEATRO XIRGU – ESPACIO UNTREF

Chacabuco 875

Duración 120 min

Acceso para Farsos

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