Imperdible
70'

Desde hace años Martín Flores Cárdenas juega contra las cuerdas. Después de la inauguración de su Casa Teatro Estudio, donde montó No hay banda y La fuerza de la gravedad, llegó al Teatro Sarmiento del Complejo Teatral de Buenos Aires para Al Oeste: Capítulos I y II, su propuesta más radical y el probable comienzo de una saga.
Como en las obras anteriores, el proceso creativo nace a partir de una obstrucción: en No hay banda un festival de teatro en Brasil y la necesidad posterior de adaptar una obra de cinco en un monólogo reinventándola; en La fuerza de la gravedad, una reunión nocturna, el alcohol, el azar y las ganas de hablar de su amiga Laura López Moyano, actriz que la interpreta.
En Al Oeste, el desafío impuesto fue montar para la sala de avenida Sarmiento una obra que lograra replicar, evocar o poner en funcionamiento el ambiente o el lenguaje de Casa Teatro Estudio, una experiencia particular. La obstrucción, en este caso, no nació del autor sino que fue una marca de la curaduría.
Al comienzo se apagan las luces, Flores Cárdenas desciende desde el fondo de la sala, sube al escenario, se sienta frente a una larga mesa ubicada sobre la derecha, abre una laptop y se enciende una pantalla que cubre todo lo ancho del proscenio.
No habla, escribe, la pantalla registra lo que sucede en la laptop, lo amplifica, se escucha una voz en el texto que se imprime sobre la tela blanca de la pantalla pero nadie habla.
Al principio es la obstrucción (Flores Cárdenas cuenta los pormenores de cómo llegó al Teatro Sarmiento), luego se inicia la historia. La magia del relato es que se va escribiendo al momento: si olvidó un acento, descubre un error tipográfico o, al releer lo escrito, alguna de las últimas palabras rompe algo del tejido narrativo, el autor vuelve hacia atrás el cursor, borra y reescribe.
En esas correcciones, vinculadas estructuralmente a la narrativa del relato, se juega parte del ritmo de la obra, su presente absoluto, el encanto áspero con que convida a ingresar en un universo privado, la confirmación de que cada representación de la historia es única, distinta, nueva.
Cuando el núcleo narrativo del relato comienza a desarrollarse, ingresa al escenario (también desde atrás de la sala) un actor (Pablo Ragoni): tiene sombrero texano y botas de cuero gigantes, algo del western televisivo en blanco y negro que evoca el título de la puesta.
El personaje se sitúa en la otra punta del escenario frente a su autor; podría ser una réplica pero está desalineado, a veces sigue instrucciones de la pantalla y, por lo general, comulga de alguna forma extraña con la escena que se escribe en la pantalla pero no la representa, se niega sin esfuerzo a esa duplicación innecesaria.
Al igual que en las obras anteriores, la historia que se desarrolla en escena tiene un fuerte registro documental con el que diluye los bordes entre ficción y biografía y, otra vez, el tratamiento de los materiales convoca dos elementos aparentemente antagónicos: es impiadoso y tierno al mismo tiempo.
En este caso la escena son signos en tinta negra estampados sobre la tela de una pantalla que replica otra pantalla, un actor sentado a una mesa escribiendo en una laptop que va inventando la historia y otro vestido de vaquero enfrente.
Al mismo tiempo es un coming of age en el que el autor cuenta su primer amor, la huida de la casa de los padres, la ruta y unos campos en el Chaco.
Lo mejor de Al Oeste: Capítulos I y II es el mundo que se crea en esa pantalla, el texto consigue materializarse en una voz que el espectador lee en su cabeza mientras el autor escribe. La sintonía es perfecta, o casi, porque el autor vuelve atrás, corrige, borra y reescribe.
Ninguna función durará lo mismo que la anterior ni que la próxima, ninguna será igual aunque la historia se repita. Acaso algo, con la deriva de las funciones y la escritura en vivo, comience a crecer y expandirse, o quizás la obra mute en parte o en todo, esa es una dinámica que se reescribe función a función.
Si luego de las funciones del Teatro Sarmiento la obra continuara en Casa Teatro Estudio la obra incorporaría una obstrucción más: convertir eso que se debió adaptar de Casa Teatro al Sarmiento a Casa Teatro.
Al final Flores Cárdenas anuncia en la pantalla que la historia continuará, que habrá un Capítulo III y un Capítulo IV de Al Oeste, un texto que se escribe con piel o el cuerpo, la memoria, el alcohol o la sangre. Bienvenidos al viaje.

Ficha técnico artística

Autoría y dirección: Martín Flores Cárdenas
Elenco: Pablo Ragoni y Martín Flores Cárdenas
Diseño de escenografía: Ruslan Alistair Silva.
Diseño de vestuario: Lara Sol Gaudini
Diseño de iluminación: de Matías Sendón.
Música original y el diseño sonoro: Diego Vainer
Coach de percusión: Luciano Scalera
Realización y puesta de video: Pablo Camaití
Asesoramiento artístico: Diana Lenton
Asesoramiento en coreografía: Marina Otero.
Asistencia de dirección: Bernardita Epelbaum.

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