Todos los trámites que tenemos que hacer en la vida confluyen en cierto punto. En definitiva, siempre se trata de revisar en cajones y archiveros y poner en acto que la historia laboral, académica o simplemente de civilidad se reduce a un grupo de papeles importantes. En ellos se indica cuándo, cómo, por qué y a través de donde o de quiénes. El tema acá es: ¿qué dicen de nosotros los trámites que hacemos? ¿Una entrevista en una oficina de la municipalidad, de una embajada, de un aeropuerto, de un consultorio, pueden llegar a definirnos? Asuntos Internos, la nueva obra de Florencia Werchowsky, parece darnos una respuesta: lo que importa es avanzar, puesto que cada pequeño paso dentro de esa gran cadena de acciones nos acerca al objetivo.
En una especie de cápsula del tiempo que aloja todo lo que alguna vez fue trabajar en una oficina de la ciudad, se abre un circuito de referencias que nos definen como personas modernas y posmodernas. La burocracia de nacer, la burocracia de morir, de escolarizarse, de entrar al mercado laboral y de ser alguien para el estado, son las cosas que nos hacen ser modernos. La sensación de que al final del día nada alcanza para lograr lo que perseguimos y de que lo que sigue es igual a lo anterior, nos hace posmodernos. Esta oficina dispara la memoria de otras oficinas. Severance, dejar la cabeza en remojo para dividir los pensamientos, olvidar los problemas personales, y lo que único que importa es este presente productivo. Lost, apretar metódicamente un botón sin saber muy bien para qué, pero apretarlo con dedicación y entrega acorde al funcionamiento de la maquinaria. Los trámites nos recuerdan que a la hora de la muerte, un gran guardia cerrará la puerta y tirará la llave para decirnos: esta era tu entrada, queridita, si no lo agarrabas vos no lo hacía nadie más.
En esta obra, todos somos personajes importantes y nuestras sensaciones conviven y dialogan. Por un lado, está el misterioso afán que nos impulsa a continuar haciendo para, tal vez, llegar descubrir para qué fuimos convocados. Por otro lado, la conciencia creciente de que hay asuntos internos de suma importancia y se debaten en las pequeñas cosas: la tarde de alguien, una historia de amor o infidelidades, la foto de la familia al costado de la compu que indica “hacelo por ella”.
Asuntos Internos transcurre en una oficina abandona en Retiro. Un cadete te busca por una plazoleta y te lleva hasta ahí para que hagas tu trámite. El pasado, prácticamente imposible de contar en su funcionamiento, se dibuja como posibilidad en el dispositivo armado por este grupo de intérpretes. Nos invitaron a participar y eso es muy importante. No solo como espectadores sino como parte fundamental de la diégesis. Es una especie de bautismo de dignidad para la horda sin nombre que se levanta a cumplir horarios, hacer trámites para sí misma o para otros sin obtener más que una promesa de final o un salario luego de la tarea. Esta obra trabaja sobre la experiencia y la abundancia por sobre la experiencia y la pobreza: trabajadores o ciudadanos con kilómetros de tren encima, con experiencia en arreglar-tutti y sin siquiera la posibilidad de decirlo son oficialmente convocados a formar parte de algo. Para estos Asuntos Internos, aquellas condiciones son el cv requerido para entrar y participar.
La Oficina de Asuntos Internos es laberíntica y paciente. Se ocupa de varias cosas. Preguntas reglamentarias para el siguiente nivel. El tratamiento de la espera. Propone cierto tipo de colaborativismo avisando que nunca hay que perder el foco individual del estar ahí a merced de un resultado. Mientras se avanza en el trámite, el sentido se construye en los bordes y alrededor nuestro. Una oficina en funcionamiento es una coreografía que transcurre, solo hay que saber mirar. A todos les pasa algo que va más allá de la tarea reglamentaria y, en cierto punto, el cuerpo se pone en movimiento explotado en emociones que ya no aguanta. A nosotras también nos pasan cosas pero tal vez sea cuestión de aprovechar el viaje sin un rumbo claro por el interior de esta oficina. Durante, nos descubrirnos en la calma y en la intriga junto a otros.
La obra es una oficina que se encuentra en Esmeralda y Libertador, Retiro, CABA. La dirección específica y algunas instrucciones serán recibidas luego de comprar la entrada.
Ficha técnico artística
Idea: Florencia Werchowsky
Intérpretes: Rocío Agüero, Oliver Carl, Iván García, David Gómez, Julieta Zabalza
Vestuario: Victoria Nana
Escenografía: Santiago Badillo
Luces: Santiago Badillo
Música: Diego Voloschin
Asistencia: Francisco Corso
Producción artística: Alejandro Quesada
Producción: Ianina Maglia
Coreografía: David Gómez, Julieta Zabalza
Dirección: Florencia Werchowsky

