“Creemos en el teatro como un lugar vivo”, entrevista a Manuel Venturini de Cía Hasta las Manos

Flota. Rapsodia santafesina es una obra de objetos y títeres de la Compañía Hasta las Manos, dirigida por Javier Swedzky. A partir de un trabajo con testimonios, cartas, audios y diversos materiales de archivo —incluidos elementos originales—, la pieza propone al público una elaboración de la tragedia ocurrida en abril de 2003: la inundación de Santa Fe y la impunidad de los funcionarios públicos en el contexto de una Argentina arrasada por la crisis social, política y económica.

A 50 años de la última dictadura militar, y en un escenario atravesado por discursos negacionistas, conversamos con uno de sus dramaturgos e intérpretes, Manuel Venturini, para indagar en los modos en que la obra aborda la memoria colectiva. La reconstrucción de sensibilidades a partir del testimonio y la persistencia de una herida abierta —que aún hoy incide sobre el presente— aparecen como ejes centrales de este trabajo escénico. 

¿Cómo surge la posibilidad de hacer esta obra?

-Es una combinación del trabajo de un grupo que está por cumplir 20 años ya de trayectoria y del hecho de que somos todos inundados. Veníamos con esta idea hacía un montón. Hemos ido acopiando materiales durante años sobre ese crimen hídrico que sucedió en la ciudad de Santa Fe y siempre teníamos “ganas de”, es decir que sabíamos que algún día íbamos a trabajar esta temática, pero no sabíamos cómo. Un día apareció la convocatoria de la Comedia Universitaria de la UNL y entendimos que era el momento concreto para darle forma. Ahí empezamos a juntar ese material acopiado, que era un montón, porque en la ciudad de Santa Fe se produjo mucho alrededor de ese acontecimiento y decidimos convocarlo a Javier Swedzky. Éramos santafesinos con un relato tan propio que a veces nos costaba distinguir lo difícil que era contarlo y fue Javier esa especie de extranjero a quien se lo contamos por primera vez y nos lo cuestionó. Así, fue tomando forma y se convirtió en obra. Por otro lado, a 20 años de la inundación, teníamos esa sensación de que no solo quienes no eran de Santa Fe no conocían este hecho, sino que tampoco los pibes y pibas que tenían menos de 22 años, 23 años, porque no era una historia que hubieran vivido. Entonces nos pareció que era un momento necesario para revitalizar esa memoria y volver a ponerla en juego.

¿Cómo piensan la tragedia desde los títeres y objetos? ¿Qué posibilidades de exploración del tema ofrece esa construcción?

-Los títeres tienen la posibilidad de decir lo más cruel y también de poetizar cosas surrealistas, cosas que no se podían poner en escena todavía. Los títeres permiten abordar lo tremendo, permiten jugar con la ambigüedad de cualquier hecho que transforma la vida de las personas. Los títeres pueden jugar y trabajar con esa cuestión poética que está muy cargada se sentidos, que no es clara porque es trágica y cómica a la vez. Pueden poner en materia esas sensaciones, ideas y pensamientos que hay cuando uno ataca o piensa la tragedia. La exploración fue muy clara: ahí en la construcción de títeres trabajamos con materiales de ese momento, originales, que tenían su historia muy directa con la inundación. Cuando los santafecinos que sí vivieron la inundación vieron la obra nos dijeron: “fue así tal cual”. Es algo que no podríamos haber representado evidentemente de otra manera más que con la poesía que nos permitió dar cuenta de todos sus matices, de las contradicciones poéticas y de sentidos que había en ese momento. Solo los títeres pueden contar todo eso a la vez. Ese “tal cual” siempre nos llama la atención porque seguro no fue con títeres la inundación, ¿no?

¿Cuál fue el proceso de creación de la obra?

-El proceso de creación de obra fue muy acelerado. Si bien, como decíamos, nosotros veníamos acopiando materiales para tratar este tema hacía tiempo, metimos toda la carne al asador. Y con una dinámica propia de Hasta las manos que era la de convocar a un director extranjero, no solo de la ciudad, sino también de nuestras prácticas, alguien que nos pudiera provocar. En este caso, fue Javier. Nosotros tenemos formas de hacer la cosas y estrategias ya acumuladas con los años del grupo, pero siempre invitamos a alguien que nos saque de ese lugar de comodidad. Esta obra también nos provocaba sobre una memoria un poco más estática que teníamos de lo que había sido la inundación por haberla vivido. Una de las potencias que teníamos nosotros era que la obra no podía ser ni solemne ni tampoco banalizar el tema y así se creó, en la tensión entre toda esa provocación y el conocimiento acumulado de un grupo.

¿Cuál es la relación de les dramaturgues con el tema de la obra?

– Trabajamos con muletos o con bocetos para armar la obra, y después entraron los títeres, hechos de materiales originales de esos días de la inundación, propios de una ciudad que se estaba desarmando, como bolsas y cartón. Una vez que reorganizamos todo eso y construimos un par de mojones sobre los cuales montar, empezamos a probar esas hipótesis poéticas basándonos mucho en testimonios y en el tratamiento sobre esos testimonios. Jugamos con ellos, los pusimos, los dimos vuelta, y también intentamos dejarlos intactos. Esa era una intención de Javier. Así es que se mantienen casi textuales, aunque, al ser representados por títeres, se trabajan en toda su amplitud. Es decir, la forma y la actitud de esos los objetos y títeres y cómo se disponen los cuerpos hacen que los testimonios no queden como algo frío o muerto en el pasado, sino que se vuelvan activos y presentes.

Nuestra trayectoria es de dramaturgia colectiva. Somos los intérpretes, los dos directores, el creador del universo sonoro y los artistas plásticos. Esa dramaturgia colectiva fue creada con testimonios, memoria y trabajo y todo tipo de puesta en prueba. Cada uno desde su rol; los intérpretes desde el lugar dentro de la escena y los dos directores también. Seba Santa Cruz, como un director local que sabía más nuestras intenciones, era la voz de la inundación más presente, y Javier, como una dramaturgia con la voz del extraño, del que quiere ver, del que pregunta, del que incide. Entonces, se iba creando y escribiendo; creando y escribiendo; actuando y escribiendo, toda la vez. Tuvo un trabajo de mesa para la dramaturgia muy grande, de varios meses, el acopio de entrevistas, de materiales, y después se terminó de escribir en la escena, actuando.

¿Cuál fue el recorrido de la obra?

-La obra tuvo un estreno y una temporada larga de casi treinta funciones, lo que es mucho para la ciudad de Santa Fe. Tuvo una repercusión asombrosa que nosotros mismos no esperábamos. Si bien uno siempre confía en el trabajo que hace, no sabíamos lo necesario que era para la ciudad hablar de ese tema y hablarlo de esa manera. La obra tuvo una repercusión en la ciudad que trascendió al público teatral, que es algo que a nosotros como grupo nos interesa mucho. Tenemos muchas anécdotas de gente hablando de la obra en el gimnasio o la peluquería, es decir, realmente generó un movimiento muy interesante. Ese fue el primer puntapié que fue fundamental en esto de reactivar la memoria.

Había algo en la obra que nosotros queríamos trabajar que se llamaba “Sedimento de la Memoria”, tenía que ver con ese momento en que las personas volvía a sus casas y las encontraban todas embarradas y sucias. Si bien no quedó así tal cual, consideramos que de alguna forma sí lo hizo porque la obra se convirtió en una máquina de hablar. La gente contaba y se mandaba audios sobre el tema, es decir, se activaba un trabajo con fragmentos de memoria. Después vino otra parte cuando nos empezamos a mover fuera de Santa Fe, en otras ciudades, como Córdoba o Buenos Aires. Así, se empezó a ampliar el alcance de la obra y nos dimos cuenta de que había un subrelato universal que iba más allá de contar a quien no lo vivió lo que pasó. El principio pensábamos que tal vez era una obra local, pero después nos dimos cuenta de que se vuelve muy universal en el momento en que la gente recuerda y relata sobre otras inundaciones, tornados, terremotos, distintas crisis en distintos lugares.

Nos alegra mucho que pasen esas cosas. Estamos contentos con eso, estamos felices con la memoria que se activa, que es provocadora, que es presente porque la construimos de esta manera con los títeres que loca e impunemente dicen para pensar lo que viene. Y para, en particular, en la historia de Santa Fe, denunciar injusticias, porque la inundación es aún una herida abierta en esa ciudad.

También, creemos en el teatro como un lugar vivo, estimulante. Nosotros estábamos en búsqueda de eso, de un teatro que movilice. Volver a abrir esa historia que no está cerrada, trabajar con eso, entre esa tensión de no mostrarlo como algo para llorar ni solemne, pero tampoco banalizarlo. Tomar el tema con la importancia que tiene, y mediante el teatro logramos contar esa tensión. Esa es otra certeza: nos dimos cuenta al terminar la obra que solo el teatro podía contar lo que pasó hace más de 20 años. Uno de los leitmotiv de la obra es, justamente, cómo contar lo que pasó. Se basa en documentales, poemas, relatos, entrevistas, distintas maneras de guardar esa historia, pero el teatro tiene esta forma particular para contarlo y evidentemente era muy necesaria.

¿Cómo sigue ese recorrido?

Ya nos hemos movido por varias ciudades, varios festivales importantes como el Festival de Rafaela, el Festival de Mercosur de Córdoba, festivales de títeres como el Festival de Catalina Sur y Festival al Sur. También fuimos elegidos para representar a Santa Fe en la Fiesta Nacional de Teatro que esperemos que se realice de la mano del Instituto Nacional del Teatro. Ahora vamos en esta idea de desembarcar en la ciudad de Buenos Aires donde creemos que a veces los trabajos tienen mayor repercusión que en la provincia. Como ya hemos recorrido mucho, tenemos ganas de volver a Buenos Aires para compartir la obra, dialogarla y ver cuáles son sus nuevos horizontes.

 

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Una creación colectiva de Cía. Hasta las manos

Dirección General: Javier Swedzky.

Co-dirección: Sebastián Santa Cruz.

Dramaturgia: Javier Swedzky, Sebastián Santa Cruz, Mónica Alvarez, Juan Venturini, Manuel Venturini.

Intérpretes: Mónica Alvarez, Juan Venturini, Manuel Venturini.

Música y diseño sonoro: Franco Bongioanni.

Dirección artística, diseño y realización de títeres objetos y escenografía: Jaquelina Molina.

Diseño y realización de títeres, objetos y escenografía: Matias Bonfiglio.

Títere invitado: Esteban Fernández, Silvina Vega, Alfredo Iriarte.

Ayudantes de realización: Mercedes Fernández, Abril Peretti.

Construcción de elemento escenográfico: Raul Scotto Lavina.

Diseño de luces: Ariel Theuler.

Diseño gráfico: Georgina Rodriguez.

Producción y coordinación Dirección de Cultura UNL: Florencia Russo y

Ariel Theuler.

Fotografías: Juan Martin Alfieri.

Redes sociales: @ciahastalasmanos

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