Cualquier intento por hablar de las experiencias más profundas del ser humano —la muerte o el amor, por ejemplo— debe dejar tácita aquella verdad que no sabemos verbalizar.
-Maurice Maeterlinck

En esta obra hay objetos que tienen alma, maniquíes sin piernas que cuelgan ahorcados, títeres humanos, máscaras, representaciones de Shakespeare, coreografías de pies que se tocan y se alejan, bebés siniestros, trucos de magia y tres actores que se convierten en escenografía.

Al comienzo, uno de los actores declara que esta es una pieza sobre el silencio. Sin embargo, no es un silencio mudo (los actores hablan) sino uno donde el lenguaje se vuelve puro artificio y entra en cortocircuito con lo real. La obra propone adentrarse en el silencio de los cuerpos en escena, cuerpos que se aproximan, que se vuelven objetos inertes y se cubren con telones y máscaras. Esta obra plantea un juego constante, una sucesión de escenas independientes donde cada una instala un dispositivo teatral particular que cuestiona los límites entre lo humano y lo no humano, el exterior y el interior, el teatro y la vida.

La directora es Ana Alvarado, mítica fundadora del Periférico de Objetos junto con Daniel Veronese, Emilio García Wehbi y Paula Nátoli, y miembro del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín. El autor de la obra es Gabriel Penner y los tres intérpretes humanos son Pablo Maidana, Luciano Mansur y Guillermo Tassara. La obra se estrenó de forma virtual durante la pandemia y ahora se presenta en el Espacio Experimental Leónidas Barletta, ex Teatro del Pueblo.

Pieza para maniquíes y un actor de reparto es una obra de Teatro de objetos, una corriente en donde la figura humana no ocupa el lugar central, donde sujeto y objeto se confunden y la escenografía no es un decorado sino un elemento igual de importante que los actores. Este tipo de teatro supone un corrimiento radical del antropocentrismo: nos invita a explorar una realidad en la que los objetos cobran vida y lo siniestro emerge cuando lo familiar se torna desconocido.

La escenografía está en constante mutación: hay bastidores móviles, sillas, un telón que se transforma en vestido, nudos que cuelgan del techo, marionetas y juegos de luces. Siempre suena música ominosa de fondo, dándole a la obra un tono pesadillesco. Uno de los aspectos más destacados es la originalidad de ciertas escenas y la interacción entre los cuerpos-actores. Los intérpretes se vuelven seres manipulables, casi marionetas. Hay cuadros escénicos perturbadores, bellos y chocantes en donde la obra toma vuelo a través del juego constante entre los cuerpos y objetos.

Pieza para maniquíes y un actor de reparto es una obra recomendada especialmente para fanáticos del teatro físico y experimental. Ni el lenguaje ni la historia son importantes. Hay que presenciar el silencio que se produce cuando los objetos cobran vida y la voz se convierte en un parloteo sin sentido. Hay que ver qué pasa cuando las convenciones que regían lo humano estallan. Cuando los movimientos de los cuerpos se asemejan a la danza. En un momento, uno de los actores dice: “el problema es cómo hacer silencio desde la palabra”.

Ficha técnico artística

Dirección: Ana Alvarado

Autoría: Gabriel Penner

Actúan: Pablo Maidana (actor/titiritero), Luciano Mansur, Guillermo Tassara

Iluminación: Malena Miramontes Boim

Diseño de movimientos: Soledad Perez Tranmar

Diseño de vestuario: Gabriella Gerdelics

Diseño de escenografía: Gabriella Gerdelics

Diseño sonoro: Cecilia Candia

Asistencia de dirección artística: Guillermo Echenique

Realización de máscaras y títeres: Gabriella Gerdelics, Pablo Maidana, Luciano Mansur

Música original: Cecilia Candia

Fotografía: Florencia Mansur, Lorena Paeta

Producción ejecutiva: Cristina Sisca

Prensa: Prensópolis

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