¡Qué lindo que es el Teatro Nacional Cervantes! La belleza del espacio dialoga con la intimidad de la obra que inaugura la temporada 2026. Se trata de la versión que Daniel Veronese realiza de la novela homónima de Jacobo Bergareche, publicada por Libros del Asteroide.
Leonardo Sbaraglia encarna a un periodista que, durante un viaje a Estados Unidos, se topa en un centro de documentación de Texas con las cartas que William Faulkner escribió a lo largo de su vida a su amante Meta Carpenter. Faulkner es el escritor favorito de su esposa, Paula. El hallazgo despierta en él la intención inicial de enviarle una foto del documento, pero ese gesto mínimo deriva en otra cosa: la necesidad de escribirle una carta propia, en la que recorre sus pensamientos sobre el matrimonio, la infidelidad, el deseo, la felicidad y las ganas de vivir.
La última noche de su viaje, en el Shakespeare Hotel de Texas, lo posee una verdadera fiebre de escritura. Redacta esa carta infinita con la que decide confesarle a su mujer que algo en su pareja se rompió mientras ellos fingían que no se daban cuenta. Que el amor se rajó y por esa hendija se coló el peor enemigo de la felicidad: el aburrimiento. Entre sus reflexiones, sugiere reemplazar el clásico “hasta que la muerte los separe” por un más honesto “hasta que el tedio los separe”. Su escritura aparece entonces como un acto desesperado, de honestidad brutal, como último (e insuficiente) refugio.
La historia de Faulkner lo enfrenta con la suya propia, lo obliga a cuestionarse por su capacidad de aventura, de diversión, de libertad. Ver a otros felices, cuando no lo somos, ¿nos hace mal? En el fondo, todas las historias de amor son un poco iguales. Quizás no en su comienzo, pero sin dudas en su devenir. Es como los incendios: el fuego puede originarse en una estufa mal calibrada, una chispa eléctrica o un fósforo mal apagado; pero cuando deja de ser fuego y se vuelve incendio, devora todo a su paso de la misma manera. También el amor, una vez desgastada su primera combustión, se come viva cualquier emoción que intente sobrevivir en la rutina.
Los que lo escuchamos, por momentos, nos reímos, porque incomoda la identificación. El reconocimiento en ese señor que se da cuenta, a raíz de enfrentarse al amor de otro, de que el suyo está desgastado. De que está deslucido, ajado, manoseado. De que es el fantasma de lo que supo ser. De que la emoción, el cuidado, la alegría de vivir, se fueron perdiendo con cada semana de rutina repetida.
El monólogo crece, el actor se apodera de los espacios de ese escenario. Hasta logra atravesar con solvencia que, no una sino dos veces, suenen teléfonos en la platea. Con altura, improvisa y transforma la incomodidad en risas y aplausos.
Sbaraglia transita diferentes tonos con una destreza maravillosa: la expresión más cotidiana se trenza con una declamación casi lírica, contagiada por momentos de la prosa de Faulkner, especialmente de aquellas primeras cartas a su amante, cuando todo era fuego, pasión, ternura, adoración y desenfreno. Días perfectos
La obra se construye en ese borde en el que la realidad irrumpe sin aviso. Lo que iba a ser una simple foto enviada por WhatsApp —una carta hallada en un museo, acompañada de un mecánico “me acordé de vos”— se transforma en el catalizador de todo lo que ese hombre está sintiendo respecto de su matrimonio y más. La verborragia epistolar comienza en el instante exacto en que ya no se puede seguir fingiendo: el momento preciso en que se vuelve consciente de su infelicidad. Y el teatro aparece como el espacio privilegiado para esa revelación.
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Ficha técnico artística
Intérprete Leonardo Sbaraglia
Adaptación y dirección Daniel Veronese
Basada en la novela de Jacobo Bergareche
Producción general Julieta Novarro
Asesoría artística María Figueras y Julieta Novarro
Escenografía y vídeo-proyección Alberto Negrín
Iluminación Ariel Ponce
Producción ejecutiva Chiara Alessi
Musicalización Daniel Veronese
Programación de vídeo Nicolás Matias Marino
Asistencia de dirección TNC Matías López Stordeur, Mónica Quevedo, Vanesa Campanini y Toia Béhèran.
Producción TNC Santiago Carranza

