Entre mayo y agosto, Europa se convierte en un mapa de festivales donde se estrenan algunas de las producciones escénicas más relevantes del circuito internacional. De Bruselas a Edimburgo, pasando por Ámsterdam, Viena y Avignon, estos cinco encuentros concentran buena parte de la conversación teatral del continente.
Muchos nacieron en el mismo contexto histórico: la Europa de posguerra. En 1947 se fundaron el Holland Festival, el Festival d’Avignon y el Edinburgh International Festival, proyectos que buscaban reactivar la vida cultural del continente a través del intercambio artístico internacional. Ese mismo año, también nació una de las historias más famosas de rebeldía teatral: el Edinburgh Festival Fringe, cuando ocho compañías que no habían sido invitadas al festival oficial decidieron presentarse igual en distintos espacios de la ciudad. Sin curaduría ni selección, el Fringe terminó convirtiéndose con el tiempo en el festival de artes escénicas más grande del mundo.
La temporada comienza en mayo con el Kunstenfestivaldesarts de Bruselas (el más nuevo, nacido en 1994), uno de los encuentros más influyentes del teatro contemporáneo europeo. Su programación internacional, híbrida entre teatro, performance, danza y artes visuales, suele marcar tendencias estéticas en el circuito experimental.
También en mayo y junio se realiza el Wiener Festwochen de Viena, fundado en 1951. Nacido como un gran festival cultural para celebrar la reconstrucción de la ciudad tras la guerra, hoy funciona como una de las plataformas europeas más relevantes para el teatro político y las grandes producciones internacionales.
En junio llega el Holland Festival de Ámsterdam, el principal festival internacional de artes escénicas de los Países Bajos. Desde su primera edición en 1947 se caracteriza por presentar producciones de gran escala, ópera contemporánea y colaboraciones entre compañías internacionales.
Julio es del Festival d’Avignon, probablemente el encuentro teatral más influyente de Europa. Fundado por el director francés Jean Vilar, el festival combina un programa oficial, el circuito “In”, con el gigantesco Avignon Off, un circuito paralelo con miles de espectáculos que transforma a toda la ciudad en un escenario durante tres semanas.
La temporada culmina en agosto con el Edinburgh Festival Fringe, el mayor festival de artes escénicas del mundo. Sin proceso de selección ni curaduría, cualquier compañía puede presentar su trabajo, lo que genera una programación que supera los tres mil espectáculos cada año y convierte a la ciudad escocesa en una verdadera maratón teatral. Con el tiempo, el modelo Fringe se expandió por el mundo y hoy hay versiones de este formato en varias ciudades, desde Ámsterdam hasta Nueva York o Melbourne. Entre ellos, el Adelaide Fringe en Australia que se convirtió en el más grande fuera de Escocia.
Después de la intensa temporada de verano, el calendario teatral europeo sigue en otoño con festivales de gran peso internacional como el Festival d’Automne à Paris, que se extiende durante varios meses con una programación multidisciplinaria, y el Festival de Otoño de Madrid, especialmente relevante para el teatro iberoamericano y el circuito escénico en lengua española.
Cinco ciudades, cuatro meses y miles de funciones: cada verano europeo vuelve a demostrar que el teatro sigue siendo una de las formas más vivas de encuentro cultural.
La pregunta ahora es inevitable: ¿vamos a cubrirlos?




