Un unipersonal que cuenta la historia de vida de una gimnasta consagrada que, a través de un cajón utilizado para ejecutar saltos olímpicos, narra el vaivén emocional y físico de la monotonía de un cuerpo que entrena.

Consagrada aunque rota… ya que entra a escena marchando con las rodillas vendadas, los tendones desgarrados y el cuello quebrado. El excelente desdoblamiento de la intérprete Gabi Parigi, también integrante de la cooperativa cultural de circo Proyecto MIGRA, muestra cómo en el mundo de la gimnasia lo más arduo es la dedicación al entrenamiento.

Entendemos aquellas idas y venidas de esa adrenalina que no cesa, ni antes ni después de un torneo y la necesidad de tener un alto rendimiento físico. Percibimos el agotamiento y la importancia de estar siempre sonriente y de juntar medallas hasta morir. La actriz cabalga con un talento preciso y nos invita al detrás de escena de las gimnastas “perfectas”. Nos muestra lo que pasa en los vestidores y entendemos qué es lo que la consume. Vemos la presión del peso por debajo de los tantos kilos y la competencia que se genera entre las compañeras.

Ella, haciendo catarsis, imita a esos entrenadores que siempre la empujaron más y más; como aquella entrenadora tetona con pollerita corta que miraba la balanza mientras la pesaban y ese entrenador machirulo que le decía “dale, dale gorda dale”.

Vemos a un cuerpo con movilidades extra-cotidianas. Y Parigi, robótica pero imperfecta, con esa espalda monstruosa, nos deja boquiabiertas. Porque aunque el cuerpo duela, todavía existe la imparable búsqueda de permanecer en esa fachada: la de los premios y las medallas, los torneos ganados y con la corona bien puesta.

Su determinación en los movimientos se profundiza tanto en su cuerpo como en la expresión de los objetos en escena. El uso de vestuario funciona como pertenencia de otros cuerpos, colgando, representando a alguien de su pasado. Y la música evocativa nos hace reír, y nos adentra a esta maravillosa representación artística con cumbia, murga y folklore.

Esta alegoría del salto del caballo y ese cajón de madera que se divide en seis partes, se utiliza como objeto clave de la puesta y se exhibe la desnudez del espectáculo. Una reflexión y un manifiesto, bajo la dirección de Flor Micha, sobre el terrible fin de las gimnastas, con sus trajes de competición guardados en una caja y el recuerdo de cada final de cada número con ambos brazos y manos en alto. Y sin embargo, la pregunta del millón es: ¿Qué se hace con todo eso?

Ficha técnico artística

Dirección: Flor Micha

Autoría: Flor Micha, Gabi Parigi

Intérprete: Gabi Parigi

Piano: Santiago Martínez

Vestuario: Sharon Luscher

Iluminación: Laura Saban

Objetos: Sharon Luscher, Flor Micha, Gabi Parigi

Redes Sociales: Liza Isaak

Video: Fernando Sánchez

Música: Juan Barone

Fotografía: Macarena De Noia

Comunicación: Liza Isaak

Diseño gráfico: Lima (Laimagen De Los Artistas)

Entrenamiento vocal: Silvina Garcia

Mezcla: Juan Barone, Julián Scarinci

Producción: Emilia Cortelletti, Florencia Montaldo

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