Reseña
65'

Entre el drag, lo camp y el melodrama

Empieza la función y se escucha: “Maldita sanguijuela / maldita cucaracha / que infectas donde picas / que hieres y que matas / alimaña, culebra ponzoñosa / desecho de la vida / te odio y te desprecio…”. Aparece una Drag queen que mueve los labios y hace que canta con peluca rubia platinada, tacos aguja y un vestido ceñido al cuerpo. De vez en cuando mira al público, guiña un ojo. Tiene una presencia magnética, imposible de ignorar. Segundos después, la voz de Diego Benedetto –el protagonista, que sería un alter-ego de Patricio Ruiz, el dramaturgo– rememora una noche de pasión en México. Dice que se enamoró de un hombre a quien vio esa única vez, recuerda sus seis lunares, su cuerpo, un tatuaje, el humo de un porro, frases dichas al pasar, un “te amo” sin respuesta. En la pared de la habitación se proyectan imágenes de una ciudad en movimiento, la cara de un hombre en drag, ¿el amante?, representado por Ruiz. A Benedetto se le quiebra la voz, recuerda que, cuando él se fue, el mundo le pareció mucho más feo, apagado, más solitario.

Testimonios para invocar a un viajante oscila entre el drama y la liviandad, entre lo serio y lo cómico, lo ficcional y lo autobiográfico. Estrenada en el Teatro Cervantes con la dirección de Maruja Bustamante, la obra trata sobre un amor que podría haber sido, sobre el intento de Benedetto de recrear una imagen, de conocer en profundidad a un hombre. Con el pretexto de filmar un documental, se encuentra con personas que lo conocían: su padre, una ex pareja, una amiga que también se enamoró de él. El personaje del hombre se construye a partir de anécdotas, de fragmentos sueltos, de los corazones rotos que fue dejando en el camino, como una tormenta que arrasa con todo y sigue. El protagonista parece más enamorado de la idea del amor y de la melancolía, que del objeto de deseo, que pareciera ser apenas un pretexto, una excusa para indagar en lo que más le interesa: lo que el hombre provoca en los distintos personajes, en él mismo. En Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes define la “anulación” como “explosión de lenguaje en el curso del cual el sujeto llega a anular al objeto amado bajo el peso del amor mismo: por una perversión típicamente amorosa lo que el sujeto ama es el amor y no el objeto”. Podría afirmarse que Ruiz es una víctima –gozosa, voluntaria– de ese estado, que lo que importa en la obra son los sentimientos, cómo este personaje hecho de voces ajenas que marcó las vidas de quienes lo conocieron.

Con una estética camp, números musicales, proyecciones dentro de la escenografía –un pequeño departamento con cocina, habitación y patio– vestuarios extravagantes, la obra se construye a partir del cruce de registros. La precariedad del departamento –una cocina minúscula con una pared destartalada– contrasta con los looks glamorosos de las Drags, brillos, lentejuelas y pelucas relucientes. Los números musicales rompen con la seriedad de ciertos monólogos de Benedetto, que por momentos resultan excesivamente dramáticos. Así y todo, el tono general de Testimonios está lejos de ser solemne; es una obra vital, una especie de oda a la juventud, a la amistad, a la experiencia por la experiencia misma. En cuanto a la actuación, es especialmente destacable el trabajo de Agustín Rittano como La Tonia: cada vez que aparece se adueña del escenario, su verborragia y efusividad generan un choque interesante con la timidez de Benedetto.

Testimonios para invocar a un viajante es una obra-documental donde se explora qué les pasa a los que se aferran a un amor imposible, a un recuerdo. Las proyecciones dan la sensación no solo de movimiento, sino también de sucesión temporal y espacial, exhibiendo los lugares por los que transitan los personajes, además de otorgarle un matiz onírico. En Testimonios… conviven el melodrama y lo precario, recursos cinematográficos, la biografía y la ficción, así como la exploración de la identidad sexual. Se mete de lleno en las experiencias de quienes fueron –o se sienten– abandonados, pero desde una posición de goce, de celebración, de puesta en evidencia de que, después de todo, la vida sigue.

La nota fue publicada en el blog Sala Tomada:
https://gestiondepublicos.wixsite.com/salatomada/post/dos-miradas-sobre-testimonios-para-invocar-a-un-viajante

Ficha técnico artística

Dirección: Maruja Bustamante

Dramaturgia: Patricio Ruiz

Actuación: Diego Benedetto, Flor Dyszel, Belén Gatti, Agustín Rittano

Actor en video: Patricio Ruiz

Video: Majo Malvares, Gimena Tur

Coreografía: Jazmín Titiunik

Música: José Ocampo

Iluminación: Verónica Alcoba

Vestuario: Gustavo Alderete

Escenografía: Cecilia Zuvialde

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