Es lindo ver una obra completa, de las bien hechas (bien faire), que tiene mucho de teatro-teatro, pero sin ese sabor a viejo o gastado que a veces pueden tener algunas obras con los mismos recursos. Como buena obra, Luciérnagas tiene todo el arco cubierto: texto, dirección, gran actuación —por parte de Mariano Agustin Botindari, Andrés Ciavaglia, Lautaro Delgado Tymruk, Paula Ransenberg, Alejandro Segovia y Paula Staffolani—, música en vivo, buen movimiento escénico y sí, hay hasta niños que cobran vida en escena. El trabajo sostenido se sospecha desde el inicio en la pieza, responsabilidad de la escritura y dirección de Horacio Nin Uría. Los cambios y giros nos llevan, con frescura y desparpajo, por una Buenos Aires que todavía era (y a veces sigue siendo) una promesa de palabra. Pero de esta “aldea” del siglo XVII nos llega también su luz de ternura, titilando a través del minucioso trabajo de los actores y la buena articulación entre distintos elementos escénicos. 

Con una gran batería de recursos teatrales, se nos ofrece una historia con algunos elementos reales —del pasado y del presente—, anticipando quizá algunas zonas de la vida que nunca cambiaron y otras que marcarán el ritmo de nuevos tiempos.  La sinopsis dice:

En la Buenos Aires del siglo XVIII, un Virrey excéntrico, cuyo nombre pocos recuerdan, intenta llevar a cabo su sueño de sembrar el progreso en estas costas remotas. Entre otras cosas, crea una casa para albergar a los niños productos de relaciones extramatrimoniales. Pero los resultados no serán los pretendidos. Paradójicamente, ese proyecto caprichoso, ese plan fallido, marcará un hito fundacional en la mitología de estas tierras.

Estas tierras en escena parecen aptas para toda edad, para todo aquel dispuesto a visitar la “aldea” de Buenos Aires, ver cómo los personajes “caen en el enamoramiento”, escuchan voces —propias y ajenas— y se disponen a seguir un porvenir aún indefinido. Vale completamente la pena el recorrido por esta casa de niños expósitos: con promesas de artes por venir, labores forzadas que llevarán a nuevas ideas y mujeres, siempre mujeres, haciendo de una casa abandonada un futuro posible para los demás. Nada casual que ese pasado siga iluminando, de forma intermitente, nuestro presente. 

Ficha técnico artística

Autoría: Horacio Nin Uría
Actúan: Mariano Agustin Botindari, Andrés Ciavaglia, Lautaro Delgado Tymruk, Paula Ransenberg, Alejandro Segovia, Paula Staffolani
Diseño de vestuario: Magda Banach
Diseño de escenografía: Marcelo Valiente
Diseño de títeres: Alejandra Farley
Diseño sonoro: Julián Rodríguez Rona
Realización de títeres: Alejandra Farley
Música original: Julián Rodríguez Rona
Letras de canciones: Julián Rodríguez Rona
Diseño De Iluminación: Claudio Del Bianco
Asistencia de iluminación: Rodolfo Eversdijk
Asistencia de vestuario: Agustina Bodnar
Asistencia de dirección: Pablo Lopez, Matías López Stordeur
Productor Del Tnc: Francisco José Patelli
Colaboración artística: Juan Ruy Cosin
Dirección: Horacio Nin Uría

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