La obra comienza con un grupo de comediantes y actores y actrices en el Virreinato del Río de La Plata haciendo lo que saben: seduciendo con la palabra, los movimientos, la fantasía; construyendo el artificio en escena. Tienen un sueño y lo van a cumplir -porque la historia lo confirma- y es el de tener un teatro. Una sala. Un espacio destinado para los espectáculos escénicos. Es también el financiamiento del Virrey, la aprobación del Papa y el reconocimiento de la actividad que hacen y de la cual viven.

Como el título nos alerta, el arte es peligroso, la palabra es lábil y los límites entre ficciones y realidades -cuando la realización es tan buena- se pierden armando otros relatos posibles. Corremos peligro, los personajes de la obra también: se disputa el destino, se plantea un problema que nos marca y nos lame los pies y es el de estar al borde siempre de no percibir dinero por lo que hacemos. Para este grupo de actores y actrices y comediantes es todo o nunca más. Y esa euforia, esa soltura se transmite. Ver La Comedia es Peligrosa es como estar adentro del océano atlántico, donde nunca estás del todo quieta, donde el medio alrededor está en permanente movimiento y de un momento para el otro podés quedar tirada en la orilla o perdido en el medio del mar. No es que la obra transcurra en un lugar exótico o lejano, con las leyes y reglas suspendidas. Lo posible está puesto en manos de les artistas, un poco genias y un poco locos, prácticamente los únicos capaces de hacer confesar las pasiones más profundas del Virrey, así como de ponerle voz a las ansias de libertad de un esclavo. La comedia es peligrosa porque, llevada a su potencia, tuerce el significado de lo dicho, porque crea y transforma realidades.

Los movimientos permanentes, el armado y desarme de espacios adentro de los actos, la permeabilidad de la palabra y a la vez la sistematicidad de la rima, arman una comedia de enredos donde el encadenamiento de situaciones nos hace ver toda la obra con la boca abierta y una sonrisa. Es como un todos con todos, o como un el que estuvo arriba ahora está abajo y el pobre ahora es rico. Exactamente lo que necesitamos para celebrar los cien años del Teatro Nacional Cervantes. Una obra de convenciones y destrezas, una obra que podría funcionar en un escenario circular o al aire libre pero que se nutre de los pesados telones de la sala María Guerrero, de sus recovecos del fondo, de sus andamios.

Como buena celebración, es un espectáculo. Más bien: es la celebración del espectáculo por el entretenimiento mismo. Es una fiesta de vestuarios, escenografías, maquillaje. Es la rima que cuesta entrar y después se te queda pegada, como algo necesario. Es la risa multiplicada, en las butacas, en los palcos y al fondo de la sala. Es la sorpresa que transforma al teatro en un lenguaje universal. Todo parece nuevo a los ojos y a la vez  a cada quien le recordará a una experiencia particular, a una lectura, a un sistema de referencias. A todo esto llamamos espectáculo. Y nos gusta pensar que el entretenimiento es un lujo popular. Ese placer que nace de la experiencia misma, que no se piensa, no se contradice, se completa con la participación de les espectadores y se vive de a muchos.

Ficha técnico artística

Autoría: Gonzalo Demaria
Actúan: Horacio Acosta, Facundo Aquinos, Paola Barrientos, Julián Cabrera, Julián Cardoso, Roberto Castro, Gaby Ferrero, Andres Granier, Milva Leonardi, Javier Lorenzo, Tincho Lups, Sergio Mayorquin, Mariano Mazzei, Ivan Moschner, Pablo Palavecino, Julián Rodríguez Rona
Diseño de vestuario: Julio Suárez
Diseño de escenografía: Diego Siliano
Música: Marcelo Katz
Diseño De Iluminación: Eli Sirlin
Sobre Idea De: Gonzalo Demaria, Ciro Zorzoli
Entrenamiento corporal: Celia Argüello Rena
Entrenamiento En Canto: Ana Kantemiroff
Entrenamiento En Percusión: Christian Covre
Entrenamiento vocal: Verónica Grande
Asistencia de vestuario: Jorge Lopez
Asistencia de dirección: Juan Doumecq
Producción ejecutiva: Nadia Crosa, Francisco Patelli
Coordinación de producción: Alejandra Menalled
Colaboración artística: Victoria Beheran
Coreografía: Celia Argüello Rena
Dirección: Ciro Zorzoli

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