Reseña
82'

El telón del Teatro Regio está bajo pero se ve parte de la escenografía: sillones franceses rosas y con bordes dorados, glorietas cubiertas de enredaderas falsas, un perchero, plantas, una mesa de café de madera fina y una pared empapelada con un diseño parecido a las plumas de un pavo real. Parece el living de una familia aristocrática de los años treinta, barroco y repleto de adornos y patrones que marean los ojos. 

Después de unos minutos aparece Gabriel, interpretado por Lautaro Delgado Tymruk, con traje marrón a rayas, bigote y pelo engominado. Otros actores salen al escenario y Gabriel les da órdenes. Están a punto de hacer el ensayo general de una obra; el espacio escénico se vuelve un caos donde los intérpretes van y vienen de un lado a otro. Mara, en la piel de Paula Ransenberg, llega tarde, con anteojos de sol y aires de diva en ascenso. Pide perdón por el retraso, dice que las luces la encadilan y que por eso no se saca los anteojos. Ella y Gabriel, el director de la obra, se pelean enfrente de todos. Están casados hace 15 años y, está claro, no están pasando por un buen momento. 

La obra que están ensayando es, justamente, El amo del mundo, la única pieza teatral que escribió Alfonsina Storni, una de las poetas argentinas más reconocidas del siglo pasado. Se estrenó en 1927, en el Cervantes, pero fue un fracaso; la crítica la defenestró y a los tres días la bajaron de cartelera. La obra trata sobre el vínculo entre Márgara y Claudio —a la vez Gabriel y Mara—, una pareja a punto de casarse, y sobre Zarcillo, una chica que siempre dice lo que quiere (y siempre lo quiere todo, ya mismo).

Los personajes usan ropa de época; las mujeres tienen vestidos de seda y encaje, bucles brillantes, tacos y polleras largas. Los hombres están casi todos de traje, con camisa y corbata y mucha pomada en el pelo. La escenografía de la casa aristocrática nos teletransporta a una Buenos Aires de principios de siglo XX, donde las mucamas usaban uniforme de monjas y eran llamadas con una campana, donde en vez de hacer sexting les amantes se mandaban cartas picantes, y donde era inconcebible que una chica joven y linda como Zarcillo no tuviera interés en casarse.

Esta puesta retoma la obra de Storni y la vuelve el tema, dándole un giro metateatral; El amo del mundo es una obra sobre el proceso de poner en escena una obra. Se muestran todas las dificultades, problemas técnicos y conflictos personales que emergen y se confunden con los conflictos ficcionales de los personajes. La dramaturgia y dirección estuvieron a cargo de Francisco Lumerman, que la rompió en El río en mí, estrenada en 2019.

A lo largo de la obra —tanto la real como la ficticia— todo se desarma y se cae a pedazos; tanto la escenografía como la vida personal de los actores. Hay apagones accidentales, asistentes de producción que se meten en el medio del ensayo escondidos detrás de macetas, muebles que caen del techo, personajes que entran cuando no deben, actores que desaparecen o que actúan mal; se ve la tramoya, el detrás de escena. Al mismo tiempo, los conflictos entre Gabriel y Mara se intensifican y se traspolan a la ficción. Gabriel es egomaníaco, obsesivo, totalitario: se cree el “amo del mundo”, como casi todos los personajes masculinos de la obra. Mara quiere que su personaje sea una mujer con deseo, una mujer atrevida como Zarcillo, pero Gabriel se opone. Las tensiones entre ellos se intensifican hasta que explotan, poniendo en evidencia la crisis de su matrimonio.

La obra trata sobre el teatro, la envidia y la dificultad para lidiar con el éxito de los demás, sobre las tensiones y desigualdades entre hombres y mujeres, sobre una pareja en crisis y el deseo femenino. El amo del mundo, en un gesto reivindicativo, recupera un texto poco conocido de Storni y lo hace revivir de una forma completamente nueva, donde nos habla no solo de los conflictos de las mujeres del pasado, sino también, de las del presente.

Ficha técnico artística

Adaptación y dirección: Francisco Lumerman

Actuación: Paula Ransenberg, Lautaro Delgado Tymruk, Fiamma Carranza Macchi, Ana Rosario Varela, Adriana Ferrer, David Subi, Franco Quercia

Diseño de escenografía: Rodrigo González Garillo

Diseño de iluminación: Ricardo Sica

Diseño de vestuario: Julio Suárez

Asistente de dirección: Daniela Sitnisky

Asistente de iluminación: Diego Becker

Asistente de vestuario: Isabella Innocenzi

Asistente de escenografía:  Lara María Treglia

Producción técnica: Mariano Fernández

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