Borges decía que, en la medida en la que no lo abrimos, un libro, “literalmente, geométricamente, es un volumen, una cosa entre las cosas”. Visto así, un libro se parece más al texto que ese volumen encierra que a la relación que puede entablar con su lector. Pero, ¿qué ocurre con aquellos ejemplares que no se ajustan a este modo de comprender el libro? ¿Qué libros posibles escapan a esa configuración geométrica? ¿Qué libros son volúmenes, en efecto, pero resguardan más de lo que dicen?
El imaginario popular deja los libros en el fuero de los intelectuales, de las bibliotecas y de los archivos; a lo sumo, de las ferias. El teatro, la danza, la performance parecieran ocuparse de otros asuntos. Quizás por eso Breve catálogo de existencias difíciles de catalogar es tan singular: una lectura performática que piensa el libro pero no como tecnología de saber ni como aquello que el libro dice, sino como lugar, como cuerpo, como agencia. Libros-otros que se rehúsan a caber en un anaquel o que, cuando lo hacen, desbordan su estatuto y el de la biblioteca que los acoge hacia el acontecimiento.
Gabriela Halac esboza un artefacto literario y performático que contempla los afectos, los usos, las anatomías que esos libros son capaces de despertar. Acompañan esta lectura Martín Antuña en las visuales, Fran Argüello Pitt en el sonido e Imanol Arnolds en los instrumentos que mueven otros libros, unos libros imposibles, arquetípicos, eminentemente físicos. Libros que recuerdan al universo visual de William Kentridge, a las máquinas inútiles de Jean Tinguely. Me interesa entender la performance como un recital de lecturas: el sonido, el video, la activación de estos libros-artefacto no son sino una lectura pública a partir de sus gramáticas específicas concertadas en un libro-coro, o libro-coral, libro-arrecife. Un ecosistema que da lugar a la vida de un libro que sucede: un biblioma.
Breve catálogo de existencias difíciles de catalogar, así, le tiende una trampa a su propio género literario: el espectador no logra discernir si está en presencia, en efecto, de la lectura de un catálogo (en cuanto literatura de las categorías), de una experiencia editorial en vivo, de una performance, o de la creación de un libro que ya no es “un estuche de palabras”, sino una secuencia de espacios y de temporalidades, como propone Carrión. Así, la obra misma es difícil de catalogar. Estamos en presencia de un rebaño de lenguajes que conviven por gracia del libro en cuanto dispositivo que abre espacios. Un rebaño que huye de la tecnología de los catálogos. Rebaño nómade, indeterminado. Rebaño de lectores generosos, rebaño de afectos. Rebaño primitivo, silvestre, dicho en voz baja, como un secreto.
Ficha técnico artística
Texto: Gabriela Halac
Lectura De Textos: Gabriela Halac
Dispositivos en movimiento: Imanol Arnolds
Diseño sonoro: Fran Argüello Pitt
Visuales en vivo: Martín Antuña
Música en vivo: Fran Argüello Pitt
Investigación: Gabriela Halac