En mi cabeza, la palabra “arena” me trae primero un desierto, lo seco, la infinidad desolada bajo el sol quemante y, de ahí, la locura que imagino debe venir aparejada con estar perdido, con calcinarse en la eternidad yerma. Tal vez Arena sea un poco eso, la conversación interna de alguien que está perdiéndose en esa locura. Las voces que pugnan por ser escuchadas dentro de una persona; voces que, escuchadas en conjunto, hablan de algo más difícil de abarcar que la locura de un sólo hombre.

La obra empieza con un alguien ahorcándose, con los espasmos que recorren los cuerpos cuando las sogas abrazan los cuellos en la tarea de terminar la existencia. La puesta en escena es un cuadrado de luz en el piso, con un cubo como único mobiliario (ese cuadrado lumínico es otro tipo de arena, como la arena de los gladiadores, un ring donde se librará una pelea más sutil).  Partiendo de ese intento de fin, de esa asfixia que da su primer aliento a la obra, Emiliano Carrazzone empieza una labor actoral impecable. La obra trata conceptos delicados como el tiempo, el caos, el final, y el actor los transita con una dignidad inalterable. Cabe destacar un trabajo vocal bestial: Carrazone presta su instrumento para que suenen varias voces, distintas entre sí tanto en volumen como en color, y todas están perfectamente definidas y presentes. Desde alguien que parece una azafata que adelanta al espectador qué temas titánicos abarcará la obra, hasta una voz más mundana que se parece a las voces que escuchamos todos en la calle. A esta destreza vocal la acompaña un trabajo físico también loable: el actor camina, se arrastra, cae y se tira con un fluir hipnótico similar al que tiene la obra en su totalidad.

Es difícil hablar del argumento de la obra, porque, como todas las obras buenas, parece estar hablando de una cosa cuando bien podría estar hablando de otra. La obra no es solamente la historia de este hombre que está en escena, un ser triste y pequeño, porque de ese mismo cuerpo salen voces que hablan de cosas todo menos mundanas. La dramaturgia de Emiliano Carrazzone y Zuleika Esnal insinúa cosas más profundas que cualquier historia individual. Esa tristeza que está presente en el escenario es la tristeza generalizada, la angustia de las cosas que sabemos que vendrán, y de las que vendrán y no lo sabemos.

La segunda cosa que me viene a la mente con la palabra “arena” es la letra de una canción de Atahualpa Yupanqui que dice “La arena es un puñadito, / pero hay montañas de arena”. Creo que también aplica a Arena, una conjunción de cosas que hacen algo más grande. Una puesta despojada y acertada, un trabajo actoral sólido y constante, un texto delicado y ambicioso, todas cosas que terminan configurando una obra imponente.

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Emiliano Carrazzone, Zuleika Esnal

Dirección: Patricia Tiscornia

Actuación: Emiliano Carrazzone

Composición Musical: Emiliano Carrazzone, Maxi Zetta

Diseño de vestuario: Andrés Padrón

Diseño de escenografía: Gloria Heiber

Diseño sonoro: Miguelius Fernández

Diseño de luces: Rubén Leandro Calonge

Realización de escenografía: Agustín Justo Yoshimoto

Realización audiovisual: Mariano Dawidson

Diseño de movimientos: Omar Humberto Saravia

Producción ejecutiva: Raúl S. Algán

Asistencia de dirección: Micaela Karcic

Asistencia de producción: Agustina Gil, Camila Villanueva

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