Imperdible
100'

Cinco mujeres alrededor de una mesa y nosotros, los espectadores, sentados alrededor de ellas y con ellas, compartiendo vino y sosteniendo el rebote de las palabras que circulan. Así empieza Gaviota, una propuesta escénica dirigida por Guillermo Cacace, con las actuaciones de Paula Fernández Mbarak, Marcela Guerty, Clarisa Korovsky, Romina Padoan y Muriel Sago, en escena en Apacheta Sala Estudio, los lunes, a las 20.30, y los viernes a las 21:00.

Esta versión del clásico tan conocido de Chéjov es un verdadero atrevimiento estético: provoca una intimidad y un trabajo con lo escénico completamente renovados. Miradas, rostros, voces: son casi todo lo que hay para construir este universo del desamor, familiar, amoroso y también ligado al propio teatro. Es la historia de Tréplev, un joven que escribe obras de teatro y sueña, con ambición y locura, con un teatro nuevo, y de su madre, Arkádina, actriz exitosa que cuestiona el talento de su hijo y que, a su vez, es la novia de un escritor muy famoso, Boris. Tréplev se enamora de Nina, una joven actriz, en un amor atormentado porque ella, en verdad, ama a Boris, el escritor famoso, y él, a su vez, le corresponde. La quinta presencia es la de Masha, voz testigo y resignada de un amor que nunca tendrá. Es una historia sobre aquellos que no fuimos correspondidos, sobre el dolor del desengaño amoroso y sobre esa soledad que acecha desde el nacimiento.

La obra ha sido adaptada por Juan Ignacio Fernández, quien, junto con la dirección de Cacace, despoja este clásico de todo ornamento y nos deja el hueso, el corazón pulsando a la vista de todos los espectadores que, inevitablemente, nos sentimos involucrados por la cercanía y por esas miradas que circulan, provocando una tensión de la que somos parte. La línea entre ficción y realidad es sutil, casi invisible.

La obra lleva la huella de su propio proceso de ensayo, por eso los papeles sobre la mesa, la elección de los cuerpos sentados y la fuerte limitación del espacio. De hecho, la idea del proyecto nace poco antes de la pandemia y se ensaya durante más de un año de manera virtual. Es decir, se forja entre estas ruinas y las eleva, las lleva a participar de la obra misma, que asume, por ende, la forma de un trabajo que está recreándose todo el tiempo, investigándose a sí mismo en el hacer ininterrumpido del teatro.

La materialidad de la voz es, sin duda, uno de los puntos de fuerza de esta versión de Gaviota. Entre la ronda de rostros iluminados y el afuera a oscuras, los parlamentos de las actrices hacen eco y rebotan entre los cuerpos, los nuestros y los de ellas, y un nuevo cuerpo sonoro parece entrar en circulación. Eso se hace posible gracias a la potencia que asume la voz, en detrimento del movimiento corporal. El trabajo de las actrices es, en este sentido, de una extraordinaria condensación. La cercanía vuelve perceptible cada respiración, cada silencio y cada inflexión de la voz. Las palabras dejan de ser solamente aquello que los personajes dicen y se convierten también en materia: ocupan el espacio, atraviesan los cuerpos y llegan hasta nosotros.

Quizás allí se encuentre una de las claves de esta Gaviota: en haber llevado el clásico hasta un lugar donde casi no queda distancia entre los personajes y quienes los observamos. Chéjov permanece, pero aparece atravesado por otra experiencia del teatro, una en la que la escenografía se reduce, los cuerpos se acercan, la palabra recupera su dimensión física y los personajes pierden su artificio para encontrarse en una verdad más desnuda. 

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Juan Ignacio Fernández
Actúan: Paula Fernandez Mbarak, Marcela Guerty, Clarisa Korovsky, Romina Padoan, Muriel Sago
Intérpretes de reemplazo: Raquel Ameri, Pilar Boyle
Fotografía: Francisco Castro Pizzo
Asistencia de dirección: Alejandro Guerscovich
Producción: Bérénice Bardoul, Gabriela Gobbi
Dirección: Guillermo Cacace

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