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“No está mal que la vida nos obligue a estar un ratito en silencio en el medio del bosque”, dice Boy Olmi delante de una platea montada sobre pinocha abajo de las estrellas. Supongo que la obra no comienza siempre así, pero no puedo confirmarlo. Para eso debería venir a otra función aquí y esta es la última. 

Escribo porque la pieza se va a presentar en Buenos Aires, aunque esa es la excusa para contar una experiencia atípica para una porteña: ver una función rodeada de naturaleza. Y esto tiene que ver con el intérprete que utiliza solo una silla y una pantalla o pizarra como elementos escenográficos. Boy es conocido como un actor con más de cincuenta años de trayectoria, pero también como una de las personalidades famosas que siempre te encontrás bancando iniciativas vinculadas con la preservación del ambiente. Verlo en patas sobre la tierra es algo que hace sentido y precisamente sobre su historia personal es que va esta puesta en escena.

¿Cuál es el mejor momento para empezar a contar una historia? ¿Cuál es el principio de la propia historia cuando somos lo que somos por un árbol genealógico aparentemente infinito que nos precede? Luego de un colapso, Boy siente un deseo enorme de entender y aprender, lee Secretos Familiares, se obsesiona con sus ancestros y los investiga exhaustivamente. Ese es el disparador de este experimento que realiza con la dirección de Shumi Gauto en el que promete contar la verdad incluso cuando miente y relata su biografía a partir del vínculo fundamental: la madre. 

El terror a la orfandad, la necesidad de reconocimiento y otros temas que nos generan identificación son abordados con una naturalidad muy disfrutable, tanto que hasta miembros del público, en esa intimidad, participan como actores sobre el escenario sin furcios, como si fueran parte programada de la noche. 

Así es que una está metida en ese relato que ocurre en otra ciudad y otro tiempo hasta que unas hojas del árbol caen y toma consciencia del entorno: Portal Bosque, en Uruguay, un espacio que hace unos años aloja artistas de diferentes disciplinas para crear con el sonido del viento y los animales de la zona. En este caso el artista en residencia es un hombre muy cálido, muy querido, que cuenta muy bien y que también se percibe por momentos esclavo de su identidad aunque pasen los años. Porque al fin y al cabo, la única certeza que tenemos es que todos somos hijos y personas a las que les pasan cosas; la única diferencia entre las personas y los artistas es que ellos tienen la imperiosa necesidad de contar y algunos de nosotros, de mirar esos relatos, no importa en qué geografía o escenario.

Ficha técnico artística

Dirección y dramaturgia: Shumi Gauto.

Elenco: Boy Olmi.

Acceso para Farsos

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